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Jimena Mendes


Jimena Méndez. Fotógrafa y Gestora Cultural. Docente de Fotografía. Curadora. Graduándose en Antropología Social por la Universidad de la Republica, Uruguay. Posee estudios en Psicología, Fotografía, Lenguaje Audiovisual, Estética (UdelaR), diplomado en Gestión de Proyectos Culturales (ORT), diplomados en Curaduría, Procesos Creativos, Producción de fotolibros (Node Center Berlín) y diplomado en Tutoría en Educación a Distancia por la Universidad Salesiana de Sao Paulo, Brasil (Unisal). Coordinadora y docente de los Cursos de Fotografía de la Intendencia de Maldonado desde 2015. Coordinadora y docente de talleres de fotografía para distintas organizaciones, incluyendo talleres en las Intendencias de Colonia, Canelones y Lavalleja. Organizadora y curadora de las muestras de Semana de la Fotografía desde 2014 a la actualidad. Sus trabajos de fotografía han sido expuestos en diversos espacios en Montevideo, Canelones, Buenos Aires, La Plata, Lavalleja, Colonia y Maldonado.





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La Revolución Rusa, Malévich y mi suegra


Hombre mirando un Malévich. Jimena Méndez. San Petersburgo, 2015

Desde que estuve en el Museo Ruso de Arte, en San Petersburgo, siempre me llamó poderosamente la atención un cuadro entre todas las maravillas que allí se encuentran: Cuadrado negro sobre fondo blanco, del artista Kazimir Malévich.
Si, este cuadro pequeño, simple, absurdo, me cautivó desde que lo vi. Seguramente, de estar expuesto en otro lugar ni siquiera lo hubiese mirado. Prejuicios, claro. Pero en este caso, el prejuicio me llenó de curiosidad.
Porque cuando lo vi en aquel magnífico museo ruso, rodeado por las vanguardias del siglo XX, sabiendo que su autor era un anarquista soñando con un arte nuevo, no pude menos que pensar que detrás de aquella obra había una declaración.
Hombre
He buscado y leído mucho al respecto de ese cuadro, pero cuando leí el manifiesto que escribió Malévich tuve la certeza de que ese pensador no había hecho ese trabajo sin una intención. Y fue mientras realizaba mi tesis de Antropología en Moldova, ex URSS, en la casa de mis suegros, que tomé la
fotografía que hoy me ayuda a unir en estas mismas reflexiones a Malévich, la
Revolución Rusa y a mi suegra.Kazimir Malevich, creador del Suprematismo, nació en Kiev en 1878, hijo de unafamilia de obreros. Estudió en una escuela de agricultura, lógicamente, como era y es el destino de casi toda la población de la ex URSS; pero siempre tuvo
aspiraciones artísticas. Así que, como casi todos los artistas rusos, aprendió apintar paisajes y naturalezas muertas como autodidacta, y cuando pudo, se inscribió en la Academia de Artes de Kiev, donde empezó a pintar bajo la
influencia del impresionismo..En 1904 se marchó a Moscú, donde además de proseguir estudios, siempre estuvo comprometido con las vanguardias y participó en varias organizaciones
con otros artistas rusos, realizando con ellos varias exposiciones. En 1915 sus propias investigaciones lo llevaron a crear el movimiento Suprematista, y a publicar su manifiesto. Tuvo poco éxito, ya que en épocas de la revolución
bolchevique, el Constructivismo era el movimiento intelectual más aceptado. A pesar de que al inicio de la revolución fue considerado un artista revolucionario, en 1929 fue expulsado de los ámbitos académicos e intelectuales
y su obra prohibida al no querer comprometerse con el arte soviético de propaganda. En 1932 ya su arte era totalmente abstracto y discurría por otras formas de pensar. Murió de cáncer en 1935 en Leningrado y no fue sino hasta
la muerte de Stalin que su nombre volvió a estar entre los artistas más reconocidos de Rusia. Ese cuadro ya era polémico en su tiempo. En su Manifiesto Suprematista, acerca del mismo, un óleo sobre tela realizado en 1915, el autor escribe:
“Yo también me sentí presa de una inquietud, que asumió las proporciones de la angustia, cuando tuve que abandonar el mundo de la voluntad y de la representación en el que había vivido y creado y en cuya realidad había creído. Pero el éxtasis de la libertad no-objetiva me empujo al
desierto donde no existe otra realidad que la sensibilidad, y, así, la sensibilidad se convirtió en el único contenido de mi vida. Lo que yo expuse no era un "cuadrado vacío", sino la percepción de la inobjetividad.
Reconocí que la cosa y la representación habían sido tomadas por la imagen misma de la sensibilidad y comprendí la falsedad del mundo de la
voluntad y de la representación. La botella de leche, ¿es el símbolo de la leche?”
21 de

Según los archivos, así lucía la primera exposición donde Malévich exhibe el controversial cuadro, realizando él mismo el montaje y colocándolo en ese rincón, arriba de todo. Como se aprecia en la fotografía de la muestra, lo colocó en un lugar absolutamente protagónico y también extraño.
El zarismo y la construcción del imperialismo ruso tuvieron como base religiosa el cristianismo ortodoxo. La cultura rusa primero y el post socialismo después, mantienen la iconografía cristiana en todas las dimensiones de la vida de sus pueblos. Durante el gobierno socialista hubo una política anti clerical fuerte, pero cuando cae el socialismo se vuelve con mucha más fuerza al cristianismo ortodoxo, proliferando la construcción de iglesias, monasterios y santuarios. La Iglesia Ortodoxa además, tiene una fuerte injerencia en la vida política de Rusia y de las repúblicas de la ex URSS, y hoy se define totalmente contraria a los procesos de occidentalización, defendiendo el proceso de rusificación en todo el territorio que fue soviético.
Ícono

En cada casa, como en la casa de mi suegra, la presencia de los íconos ortodoxos abunda. Cada habitación, como muestro en la fotografía, está protegida por algún santo colocado en la esquina superior del cuarto, protegiendo los lugares y a quienes los habitan.
Ese lugar elegido para poner los íconos, la unión de paredes, no es un lugar fortuito, sino que es elegido porque representa las encrucijadas de la vida, las dudas, los quiebres. Son rincones donde no llega bien la luz y puede aparecer el mal para confundirnos. Por eso los íconos en Rusia -y en los países de la ex URSS- se colocan, como en la casa de mi suegra, en las esquinas, los bordes y las fronteras.
Cuando vi la foto de la instalación que organizó Malévich, recordé esta imagen de Moldova. No podría ser posible que Malévich, quien ya presagiaba la revolución bolchevique, se estuviese preguntando acerca de esas
representaciones en el nuevo orden? Cuando llegase la revolución y hubiera que refundar las mismas bases de la sociedad, qué imágenes estarían allí? Qué nuevas imágenes ocuparían el lugar de los viejos íconos cristianos?
En su manifiesto, Malévich reflexiona acerca del arte clásico y de las manifestaciones artísticas de su época, entendiendo que el arte burgués era la “dictadura de un método de representación, cuya única finalidad es presentar” a las clases dominantes de su tiempo en “el ambiente en el que él vive y sus conceptos.” En esto de pensar nuevas formas de representación para el nuevo orden que estaba naciendo, dice que:
“El cuadrado negro sobre fondo blanco fue la primera forma de expresión de la sensibilidad no-objetiva: cuadrado=sensibilidad; fondo blanco=la Nada, lo que está fuera de la sensibilidad…he aquí el nuevo arte no-objetivo como expresión de la sensibilidad pura, que no tiende hacia valores prácticos, ni hacia ideas, ni hacia ninguna tierra prometida”
Malévich escenifica en la pared el pensamiento del hombre nuevo en esa nueva sociedad que se atrevió a soñar: una pared llena de formas puras, de ideas que todavía no estaban supeditadas a la funcionalidad del mundo material, ni a sus reglas, ni al poder o a la sumisión de otros hombres; todavía eran libres. Y allí, en el rincón del cuarto reservado para los dioses del mundo de los zares, colocó el Cuadrado Negro sobre fondo blanco. Negro es la suma de todos los colores y todos los puntos llenando el espacio vacío, representando todas las ideas y ninguna a la vez. Todo por hacer, todo por ser creado, pero sin los antiguos dioses que representaban la explotación del hombre y el viejo régimen. En esa declaración también existe un llamado a los obreros, a los pensadores y a los artistas a imaginar y crear ese mundo nuevo, que antes habían sido ocupados por la religión y el poder:
“Hasta ahora, la vida y sus formas de manifestarse se tomaban en consideración desde dos puntos de vista: desde el material y desde el religioso. Se podía pensar que el del arte debiera llegar a ser el tercer ángulo visual de la vida, con iguales derechos a los de los dos primeros; pero, en la práctica, el arte (como una potencia de segundo orden) se pone al servicio de los que observan el mundo y la vida desde uno de los dos primeros puntos de vista. Tal estado de cosas contrasta extrañamente con el hecho de que el arte tiene una parte precisa en la vida de todas las edades y en todas las circunstancias, y que solo las obras de arte son perfectas y de vida eterna. El artista crea con los medios más primitivos
(con carbón, cerdas, madera, cuerdas de tripas o de metal), lo que la mecánica más refinada y más práctica jamás será capaz de crear.”
El Cuadrado Negro sobre fondo blanco hablaba desde ese rincón y hablaba de futuro, un nuevo génesis donde todo era tinieblas y forma y se necesitaba de nuevos hombres capaces de nombrar lo nuevo que estaba por venir. Un mundo humano, utópico, sin dioses ni explotados, donde el arte fuera también motor de esa nueva vida.
Lo que pasó después en la URSS nadie lo podía prever. Lejos quedaron los sueños y las utopías revolucionarias, y vino la muerte y el horror. Casi todos los artistas vanguardistas fueron perseguidos por sus ideas, por no apoyar al sistema y cuestionar el poder. Todos ellos desterrados, fusilados, aniquilados y su obra prohibida.
No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX que parte de las obras de los vanguardistas, salvada por rusos que se jugaron la vida escondiendo manifiestos y pinturas, o escribiendo y relatando las historias, que muchas de éstas llegaron hasta nosotros.
Algunos artistas que pudieron escapar, siguen siendo considerados entre los grandes maestros del arte. Otros tienen perdida su obra, saqueada o destruida; y no son tan conocidos fuera de las fronteras rusas. Su memoria sigue siendo preservada por artistas, amigos y familiares, a través de relatos y cartas. Otros fueron restituidos a los museos y sus nombres reconocidos después de la muerte de Stalin.
Hoy, ésta obra de Malévich se encuentra exhibida en el Museo de Arte Ruso en San Petersburgo. Allí, silenciosa y descontextualizada del artista y su época, permanece incomprensible, desafiante, hablando en su lenguaje monocromático para nuestra contemporaneidad, que a veces olvida el valor de la reflexión artística y el poder de la utopía.
Jimena Méndez. Febrero de 2018 – Uruguay.
Referencias:
Malévich, Kazímir. Manifiesto Suprematista. Disponible online en:
http://blogs.fad.unam.mx/asignatura/raquel_garcia/wp-content/uploads/2015/03/ManifiestoSuprematista-Casimir-Malevich.pdf
Bowlt, John Ellis. 2017. Russian art of the avant-garde theory and criticism 1902-1934. Ed. Thames and Hudson, Londres.
Malévich. Colección del Museo Estatal Ruso. 1993. Disponible online en: https://monoskop.org/images/9/99/Malevich_Coleccion_del_Museo_estatal_ruso_San_Petersburg o_1992.pdf
Méndez, Jimena. 2017. Tesis de grado Antropología Social: “Moldavia post soviética: las representaciones del habitar después del socialismo”. Uruguay. Inédita.

 




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